El Papa celebra este viernes 8 de mayo de 2026 el primer aniversario de su elección a la sede de Pedro. Doce meses marcados por audiencias, encuentros, mensajes, dos grandes viajes a Oriente Medio y África, el Consistorio con el Colegio de Cardenales, ajustes y renovaciones en la Curia romana, y un compromiso por la paz expresado en vigorosos llamamientos y en un trabajo diplomático “entre bastidores”.

Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano www.vaticannews.va

El primer Habemus Papam, el 8 de mayo de 2025, lo anunció la multitud con un estruendoso clamor que se elevó desde la plaza al primer hilo de humo blanco salido de la chimenea de la Capilla Sixtina. Luego llegó el anuncio del cardenal protodiácono, a las 19:12: “Robertum Franciscum…”.

Finalmente, la aparición tras las pesadas cortinas de terciopelo de la Logia de las Bendiciones a las 19:23: muceta roja, manos juntas, una sonrisa apenas insinuada, los ojos húmedos por la emoción. Robert Francis Prevost es el 267º Sucesor de Pedro: León XIV.

“¡La paz esté con todos ustedes!”

Al caer la tarde de ese mismo día, hace doce meses, la historia bimilenaria de la Iglesia inició un nuevo capítulo con la elección de un nuevo Pontífice, elegido en un rápido Cónclave por 133 cardenales. El primer Pontífice de los Estados Unidos, nacido hace 70 años en Chicago, con alma peruana tras más de veintidós años vividos en el país latinoamericano; un «hijo de san Agustín», proveniente de la Orden agustiniana, de la que fue prior general durante dos mandatos.

Un Papa de raíces mixtas, experto tanto en matemáticas como en lenguas y Derecho canónico, párroco y obispo entre las calles polvorientas de Chulucanas, Trujillo y Chiclayo, y cardenal prefecto del Dicasterio para los Obispos. Un Pontífice de trayectoria diversa, que habló al mundo en su primera aparición en italiano, español y latín, leyendo un texto escrito de su puño y letra, en el que la palabra «paz» aparecía diez veces.

Esfuerzos por la paz

Por esta paz —«desarmada y desarmante», como la definió aquel 8 de mayo con una expresión que se convirtió en sello del pontificado— el Santo Padre ha pronunciado durante este año llamamientos vigorosos: desde el «¡Nunca más la guerra!» del primer Regina Caeli desde el balcón central de la Basílica vaticana, hasta el dedo acusador contra los señores de la guerra cuyas manos “están llenas de sangre”, como dijo durante la misa del Domingo de Ramos (29 de marzo), pasando por la denuncia de quienes están «esclavizados» por la muerte «para hacer de sí mismos y de su propio poder «el ídolo mudo, ciego y sordo al cual sacrificar todo valor y pretender que el mundo entero se doblegue ante él», expresada en la Vigilia de oración por la paz en San Pedro el 11 de abril.

Por la paz, León se reunió con representantes de Hezbollah en el Líbano, recibió a los presidentes de Palestina e Israel, Abbas y Herzog, para reiterar a ambos la urgencia de un alto el fuego en Gaza y de la solución de los dos Estados; mantuvo conversaciones telefónicas con varios líderes de naciones en guerra, incluido el presidente ruso Vladímir Putin, quien durante el pontificado anterior de Francisco no había mostrado ninguna apertura al diálogo.

Llamamientos públicos y trabajo “tras bambalinas”

Sobre todo, León XIV impulsó por la paz un trabajo diplomático quizá poco visible para el gran público y los focos mediáticos, pero funcional a la noble causa del bien de los pueblos, objetivo primario de la Iglesia. Un trabajo “tras bambalinas”, como él mismo confió a los periodistas en el vuelo de regreso desde el Líbano, destino junto con Türkiye del primer viaje apostólico:

“Nuestro trabajo principal no trata de una cosa pública que declaramos por las calles, es más bien un poco “tras bambalinas”. Es, de hecho, una cosa que ya hemos hecho y continuaremos haciendo para buscar, por así decirlo, convencer a las partes para abandonar las armas, la violencia, y que vengan juntas a la mesa del diálogo. Buscar respuestas y soluciones que no sean violentas, sino que puedan ser más eficaces, y mejores para el pueblo.”

En estas declaraciones del Pontífice se encuentra la clave de muchas iniciativas emprendidas en este primer año de pontificado, comenzando por la primera oferta, pocos días después de la elección, de abrir los “Sagrados Palacios” para convertirlos en sede de negociaciones entre Rusia y Ucrania. Propuesta que encontró el escepticismo ruso y el entusiasmo ucraniano, expresado por el presidente Volodímir Zelenski, recibido tres veces por el Obispo de Roma. Dos de ellas en Castel Gandolfo, donde —después de doce años— León restableció el regreso a la residencia estival, dejando el Palacio Pontificio como polo museístico abierto al público y residiendo en Villa Barberini.

Una residencia que se volvió familiar para muchos periodistas que, cada martes por la noche, a la salida, se encontraban con el Pontífice para recoger sus declaraciones y observaciones sobre temas de actualidad. O incluso llamamientos, breves pero siempre dirigidos a interpelar a los “grandes del mundo” para que «pongan fin a la guerra» y trabajen por la paz «no con las armas» sino «con el diálogo», o para estimular una acción popular, como cuando, tras el ataque estadounidense a Irán, exhortó a sus compatriotas estadounidenses «a buscar cómo comunicarse con los “congresistas”, con las autoridades, para decir que no queremos guerra, ¡queremos paz!».

Una acción sin precedentes que provocó la reacción de la administración de Estados Unidos, con el presidente Donald Trump llegando a criticar duramente al Pontífice precisamente el día en que este embarcaba rumbo a Argelia, destino junto con Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial del viaje apostólico más largo hasta ahora (13-23 de abril). A esas críticas el Papa, interrogado por los periodistas en el avión, no respondió directamente, sino recordando su papel y misión: la de «pastor» y no la de «político». Por tanto, «ningún debate» con Trump, ni «miedo» a eventuales ataques de esa administración, sino únicamente la misión de anunciar el «mensaje del Evangelio», del cual lamentablemente algunos hoy abusan. Palabras reiteradas recientemente de nuevo en Castel Gandolfo: «La Iglesia anuncia el Evangelio, predica la paz. Si alguien quiere criticarme, que lo haga con la verdad».

La peregrinación africana

Y el anuncio del Evangelio, como misión primordial del Sucesor de Pedro, Prevost lo llevó desde las refinadas plazas del Principado de Mónaco, en el viaje relámpago del 28 de marzo, hasta las calles, estadios e iglesias de los cuatro países africanos visitados, entre filas y multitudes de cientos de miles de fieles en fiesta a pesar del calor abrasador o de los aguaceros tropicales.

Invitaciones del Pontífice a una paz que «no hay que inventar sino solamente acoger» en un territorio como Bamenda, en el noroeste de Camerún, herido por la guerra de los separatistas; exhortaciones a la fraternidad en una Argelia 90% musulmana; llamamientos por la justicia —la «verdadera», la que corrige y sana— pronunciados en la prisión de Bata, en Guinea Ecuatorial, ante 630 detenidos bajo la lluvia.

Y también súplicas e invocaciones por una distribución equitativa de los recursos y el desarrollo integral en la Angola irrigada de petróleo y repleta de yacimientos de diamantes donde, sin embargo, el 50 % de la población vive en pobreza absoluta. Por parte del Papa, también estímulos al protagonismo de los jóvenes, al respeto de los derechos humanos, a la defensa de la dignidad de los pobres y de las mujeres, y exhortaciones a custodiar la fe, verdadero recurso que nadie puede arrebatar. Reflexiones e impulsos para que el continente pueda caminar con la cabeza alta hacia ese futuro del que sus pueblos tienen «hambre».

El viaje a Türkiye y Líbano

Un viaje, el africano, rico en imágenes y palabras; un viaje que León deseaba realizar, como reveló durante el vuelo hacia Argel, desde el inicio del pontificado, pero que aplazó para dar prioridad a la promesa y deseo de su predecesor Francisco. Es decir, viajar a Türkiye para vivir en İznik, la actual Nicea, las celebraciones del 1700 aniversario del Concilio y luego volar al Líbano para ofrecer una caricia a un pueblo agotado por la guerra, la crisis, la pobreza, las emigraciones y las inmigraciones.

También aquella fue una peregrinación —del 27 de noviembre al 2 de diciembre— que revitalizó el camino ecuménico, con los múltiples encuentros con el patriarca Bartolomé, ofreció ocasiones de diálogo con líderes de otras religiones y regaló imágenes preciosas. Entre ellas, el Santo Padre en oración silenciosa frente a la devastación del puerto de Beirut, escenario de la explosión de 2020, o el Pontífice inmerso en el abrazo colectivo de 15 mil jóvenes libaneses y no solo ellos, en Bkerké.

Entre los jóvenes

A muchos jóvenes ha visto el Papa en estos meses gracias a las numerosas celebraciones del Jubileo de la Esperanza, abierto por Francisco y concluido por él el 6 de enero, solemnidad de la Epifanía, con el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. El momento culminante del Año Santo fue ciertamente el Jubileo dedicado a los jóvenes, del 28 de julio al 3 de agosto. Protagonistas fueron más de un millón de muchachos y muchachas de distintas edades y procedencias que llenaron las calles de Roma durante días y luego se dirigieron a Tor Vergata para la vigilia y la misa con el Sucesor de Pedro.

Un espectáculo de rostros, luces, colores, banderas y teléfonos móviles listos para grabar las palabras del Pontífice, que animó a las nuevas generaciones a no conformarse con la superficialidad, sino a construir vínculos auténticos, superando la hiperconectividad y la incomunicación, aspirando a la santidad.

De aquellos días queda también grabada la sorpresa de León XIV apareciendo en jeep por la Via della Conciliazione y la Plaza de San Pedro para saludar a la multitud reunida para la celebración de apertura del Jubileo. «¡Vosotros sois la luz del mundo!», gritó a la plaza el Obispo de Roma.

Y en materia de sorpresas, no debe olvidarse la llegada del Papa, el 17 de octubre, a Ostia, al barco Med25 Bel Espoir, la embarcación que recorre los puertos del Mediterráneo con 25 jóvenes de distintas nacionalidades y religiones a bordo. Él, León, al timón junto a ellos, marineros de la paz, «signos de esperanza» en medio del odio y la violencia.

Rearme, violencia y dominio de la fuerza

Esa misma violencia que el Papa definió en ocasiones como «diabólica», como afirmó en el monumental discurso ante la plenaria de la ROACO, denunciando la «lógica de la división y la represalia», el comercio de armas que sofoca el desarrollo de escuelas y hospitales y las «falsas propagandas del rearme». Un llamamiento retomado con fuerza en el mensaje para la 59ª Jornada Mundial de la Paz, en el que el Pontífice alzó la voz contra la «irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza».

Y diálogo es quizá la palabra que más se ha repetido en discursos, homilías, saludos y reflexiones de León XIV durante este primer año de pontificado. Diálogo como llave para abrir toda puerta cerrada, puente para superar todo muro. El Santo Padre invocó el diálogo también dentro de la Iglesia para salir de aquellas «polarizaciones» que crean heridas en el cuerpo eclesial.

Es el caso de las fracturas sobre el Vetus Ordo, respecto al cual el Pontífice, como escribió en un mensaje a los obispos franceses, expresó preocupación, exhortando sin embargo a «soluciones concretas que permitan incluir generosamente a las personas sinceramente» ligadas al rito antiguo, «según las directrices establecidas por el Concilio Vaticano II en materia litúrgica».

Las divisiones por la liturgia

El tema de la liturgia fue también incluido entre los cuatro temas que León presentó a los más de 170 cardenales reunidos en el Vaticano el 7 y 8 de enero para el primer —aunque no último; el próximo será en junio— Consistorio con los miembros del Colegio Cardenalicio. Un evento con el que el Papa quiso iniciar un método basado en la escucha, el trabajo «juntos» y la colegialidad. Así, dijo en el discurso de apertura, «puede comenzar algo nuevo, que pone en juego el presente y el futuro».

De los cuatro temas propuestos, los purpurados reunidos durante dos días en el Vaticano votaron por amplia mayoría como temas sobre los cuales reflexionar: el Sínodo y la sinodalidad, y la evangelización y el espíritu misionero en la Iglesia a la luz de Evangelii gaudium.

La atención a los migrantes

Dos temas que representan sólidos puntos de unión con el pontificado del Papa Francisco, citado innumerables veces por León XIV en intervenciones públicas. Del predecesor, el actual Pontífice —aunque revisando algunas decisiones de gobierno, como el restablecimiento del Sector Centro de la Diócesis de Roma, la supresión de la Comisión para las donaciones a la Santa Sede y del Comité para la Jornada Mundial de los Niños— heredó y relanzó también la atención al tema migratorio, utilizando palabras de fuerte denuncia sobre el trato reservado a miles de migrantes: como si fueran «basura», dijo en el discurso a los Movimientos Populares, o «animales», afirmó en el vuelo de regreso desde Guinea Ecuatorial.

El Papa tocará con mano la tragedia migratoria y sus consecuencias con la visita a Lampedusa el 4 de julio, tierra que aún recuerda la histórica visita de Francisco en 2013, y con la etapa en el archipiélago de Canarias dentro del viaje apostólico a España del 6 al 12 de junio próximos, que además de Madrid y Barcelona llevará al Pontífice a Gran Canaria y Tenerife, en medio del flujo de hombres y mujeres que desde hace años desembarca en aquellas costas.

La Dilexi te y la mirada hacia los últimos

Una misión libre de toda intención política pero plenamente pastoral, esta del Pontífice hacia los migrantes, fruto de la mirada hacia los últimos que está en el centro del Evangelio y de la misión de la Iglesia. El Obispo de Roma lo recordó en Dilexi te, la primera exhortación apostólica firmada el 4 de octubre. Un proyecto iniciado por Francisco y retomado por León sobre el tema del servicio a los pobres, en cuyo rostro —se lee— encontramos «el sufrimiento de los inocentes».

En el texto magisterial el Sucesor de Pedro denuncia la economía que mata, la falta de equidad, las violencias contra las mujeres, la malnutrición, la emergencia educativa y «las estructuras de injusticia» que «deben ser destruidas con la fuerza del bien».

Ecumenismo y Creación

Otros caminos abiertos por Bergoglio y por los que Prevost está avanzando son los del diálogo, el ecumenismo y también el respeto de la Creación. Compromiso reiterado durante el momento histórico con los reyes ingleses Carlos III y Camila, vivido la mañana del 23 de octubre en la Capilla Sixtina, donde tuvo lugar la celebración para alabar a Dios creador.

Un evento que reforzó el camino hacia la unidad, tratando de superar divisiones que hoy resultan aún más «escandalosas», como León reiteró durante la audiencia con la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, primera mujer en ocupar el cargo de primada de la Iglesia anglicana, recibida el 27 de abril, a sesenta años de aquel «memorable encuentro» entre el arzobispo Michael Ramsey y san Pablo VI, quienes anunciaron el primer diálogo teológico entre anglicanos y católicos.

“Tour” por Italia

En este primer año en el Solio de Pedro —marcado por unas 50 audiencias generales, un centenar de audiencias públicas y privadas y más de 60 misas— también debe recordarse la primera visita del Pontífice a Italia, en Asís, el 20 de noviembre, para la clausura de la Asamblea general de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) y la oración ante la tumba de san Francisco en el octavo centenario de su muerte.

A la ciudad umbra el Pontífice regresará el 4 de agosto, en medio de la larga gira por las diócesis italianas de 2026 que se inaugura mañana, 8 de mayo, día del aniversario, con la visita a Pompeya y Nápoles. Después Acerra, en la Tierra de los Fuegos, las ya citadas Lampedusa y Asís, y la participación en el Meeting de Rímini (primer Papa después de unos 30 años) y la misa con la diócesis de Rímini.

Reformas en la Curia

En el 2026 del Papa también llegaron los primeros nombramientos internos importantes: dos jefes de dicasterio, monseñor Filippo Iannone como prefecto para los Obispos y monseñor Anthony Randazzo, prefecto para los Textos Legislativos; el nuevo sustituto para la Secretaría de Estado, el arzobispo Paolo Rudelli, en lugar de monseñor Edgar Peña Parra, nombrado nuncio en Italia; el prefecto de la Casa Pontificia, Petar Rajič.

Luego, el agustino padre Edward Daniang Daleng, vicerregente de la Prefectura de la Casa Pontificia; monseñor Anthony Onyemuche Ekpo, asesor de la Secretaría de Estado; y los nombramientos de los arzobispos de Nueva York, Ronald Hicks, y de Westminster, Charles Phillip Richard Moth.

Entre Motu proprio, rescriptos y quirógrafos, León XIV ya ha iniciado el proceso de reforma financiera vaticana, quitando al IOR la exclusividad sobre las inversiones e introduciendo una «responsabilidad compartida» con la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA); publicó el nuevo Reglamento de la Curia romana; y promovió la acogida de personas con discapacidad en la comunidad laboral de la Santa Sede.

Hacia el nuevo año

Doce meses, por tanto, de signos y orientaciones, con algunas directrices ya evidentes, como la centralidad de la misión, la atención a las periferias y la diplomacia activa en los conflictos. Los próximos meses harán aún más visible la impronta del pontificado, junto con la publicación de la primera encíclica y otros viajes internacionales. Entre ellos, el deseado por el propio León: a América Latina.

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