Por Guillermo Romero Salamanca

Uno de los placeres de los españoles es la buena comida y el vino. Pero antes de pasar al comedor, se deleitan con las tapas como aperitivo.

Las hay con trozos de tortilla española, con queso manchego. Unas más son pinchos morunos, ensaladas de pimiento rojo, pedazos de pescado frito. Otras llevan pollo al ajillo, albóndigas, papas con picante, jamón serrano y aceitunas. Pero también hay de pan con aguacate y jamón, envueltos de panceta, con camarones, trocillos de jamón. De pronto se encuentran gazpachos, de tomate y aceite de oliva y pescadillas. Se ofrecen de colores como amarillos, verdes, rojos o verdes. En la variedad está el placer.

Cualquier porción de alimento sólido capaz de acompañar una bebida es una tapa dice el diccionario de la Real Academia Española y el origen se lo dan a dos versiones. Una con Alfonso X “el sabio” –rey que gobernó España en el 1.200–, quien ordenó que nadie podía beber vino si no tenía algo que comer, porque así se emborracharían simplemente. Los comensales deberían de consumir entonces o un trozo de queso o de jamón, o aunque fuera una morcilla. Por eso en bares y restaurantes en España se volvieron obligadas las tapas mientras se degusta un vinillo. Claro, para que no se equivocaran de copa, cada quien, le ponía un trozo de pan encima y de allí salió de lo “tapa”.

De todas formas no fue por este hecho que llamaron a Alfonso X como “el sabio”, sino por sus aportes a la cultura en general.

La otra historia la relacionan con el rey Alfonso XIII, a quien llamaban como “el africano” y que comenzó a gobernar a los 16 años en 1902. A quien se le recuerda también porque el día de su matrimonio con una nieta de la reina Victoria de Inglaterra le hicieron un atentado los anarquistas y murieron unas 100 personas.

Un día llegó a Cádiz y pidió una copa de jerez. Cuando abrieron la puerta de la posada, un ventarrón traía arena y entonces el camarero pensó en colocarle rodajas de jamón serrano encima de la copa. Al rey y a su séquito les gustaron las tapas y siguieron pidiendo y les traían entonces rodajas de pan con aceite, rebanadas de queso y más platos que iban inventando para complacer al monarca y a sus amigos.

El tercer jueves de cada junio,  España y la comunidad gastronómica internacional conmemoran el  Día Mundial de la Tapa.

La “tapa” es referencia en la cocina en miniatura española, es ya una palabra incorporada a decenas de lenguas, habitualmente se consume en pie y en grupo, ayuda a difundir valores de convivencia, diversión  y de forma de vida.

España es líder mundial en gastronomía. De los 82 millones de visitantes que tuvo España en 2017, unos 10 millones realizaron experiencias culinarias. España ofrece las mejores bodegas y algunas de las mejores Rutas del Vino del mundo donde la gastronomía también juega un papel importante. Las bodegas de renombre de España están presentes en Colombia y se espera que esta cultura del vino aumente su presencia aún más. España posee el mayor número de Ciudades Patrimonio de la Humanidad en todo el mundo.

Fotos: Oficina Española de Turismo, Turespaña