Por Eduardo J. Frontado

A lo largo de mi vida académica y ante cada requerimiento de la educación formal, tuve que hacer uso de distintos recursos que me permitieran poder cubrir los aspectos que definen la dinámica de relaciones entre maestro y alumno, así como con los compañeros. Cada recurso, era producto del ingenio o del experimento de ello. Por ejemplo, en el caso del lenguaje, tenía frenillo y no pronunciaba las ‘R’, razón por la que me sometieron a unas terapias de sensibilización que eran kafkianas, hasta que mi madre inventó comprar un water pick con el que sustituía el cepillo para masajear las encías que tanto me torturaba.

En el caso del colegio, tan pronto entré en primer grado, empezaron a aparecer unas posturas no convenientes y un aumento considerable del tono muscular. Además, mi equilibrio en la silla del aula era más que precario, por lo que se decidió que había que buscar una alternativa que me permitiera hacer las tareas sin que me generara esa condición de descontrol de tronco y tono tan inconveniente, allí apareció la idea de manejar una computadora para sustituir la escritura.

Aprendí de manera veloz y, en el curso de los acontecimientos, a manejar una computadora de escritorio con sistema operativo MS2 y el incipiente programa Word, como procesador de palabras. Dicha computadora era tan grande y voluminosa que se volvió un inconveniente por su relación con el espacio de la clase, al año siguiente apareció mi laptop con sistema operativo Windows 3.1 y Word 6, con el cual logre el cometido de participar en clase y superar así el hecho de no escribir a mano.

Como no era muy bueno en las matemáticas y, el colegio tenÍa clases de computación dos veces a la semana, monté el Excel sin la aprobación de mi madre, decidí que no quería llenar de basura mi disco duro, mi memoria, aprendiéndome las tablas, en ese momento me pareció innecesario. Sin embargo, apenas mi madre descubrió tal astucia, de inmediato me quito esa ayuda para las matemáticas, pero logré manejar de manera bastante aceptable tal programa sin mayores cursos, sino con el esfuerzo propio y la ayuda del personal de la oficina de mis padres, llegando inclusive a montar el AutoCAD, programa de diseño por computadora utilizado por la gran mayoría de los arquitectos, y poder así sacar las áreas de los polígonos, gran ayuda en geometría y Dibujo Técnico.

Al llegar a la universidad, mis conocimientos no eran suficientes y de nuevo experimente con un programa que transformaba la voz en texto, el Dragon Natural Speaking, el cual me permitía tomar apuntes en clase y cuando mis compañeros se quejaban de que hablaba y les molestaba para escuchar, recurrí al uso de una grabadora de periodista.

Crónica de Eduardo J. Frontado.

Este relato me permite resaltar la importancia que han tenido los recursos tecnológicos a lo largo de mi vida y que han significado en gran manera la posibilidad de interactuar de manera regular con los mecanismos establecidos por el sistema educativo vigente, no solo como sustituto de mi imposibilidad de escribir, sino como un instrumento que me ha permitido acceder al conocimiento global que se abre a través de las autopistas del conocimiento, la red.

Creo que esta afirmación explica claramente lo que significan las herramientas tecnológicas para las personas con cualidades distintas como yo, “Para muchas personas, la tecnología hace las cosas más fáciles, para las personas con discapacidades, la tecnología hace las cosas posibles”

(For most people, technology makes things easier, for people with disabilities makes things possible), Mary Pat Radabaugh, Directora de IBM, Centro Nacional de soporte para personas con discapacidades.

Son tan necesarias y útiles, no solo para superar las deficiencias personales, sino que pueden ser beneficiosas para miembros del grupo familiar, cuidadores, profesores, alumnos, empleadores, y para personas de la tercera edad o víctimas de accidentes que ocasionan la disminución de sus habilidades; pues han sido diseñadas para abordar muchas facetas de la vida diaria, en diferentes categorías fluctuando entre utensilios de baja tecnología como un abridor de latas o equipos más sofisticados como programas de control de voz para el uso de la computadora en lugar del teclado tradicional, enfocados en distintas actividades o requerimientos.

No se puede menos despreciar el importante apoyo y ayuda de las herramientas tecnológicas para eliminar las barreras que impone una sociedad diseñada y estructurada para personas con el dominio de sus características físicas, sin olvidar que ¡Es lo humano lo que te identifica y lo distinto lo que te engrandece!

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Eduardo Frontado Sánchez es Licenciado en Comunicación Social, con Mención en Comunicaciones Publicitarias, de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) de Caracas, Venezuela. Además, tiene una Maestría como Especialista en Desarrollo Organizacional de la misma alma mater. Al nacer, fue diagnosticado con parálisis cerebral, enfermedad que no le impidió disfrutar de una vida digna y de una educación de calidad. Por el contrario, se convirtió en una motivación para salir adelante y desarrollarse profesionalmente, al punto de que hoy en día es un reconocido conferencista y motivador en su país, donde ha trabajado para algunas de las más importantes empresas en las áreas de adiestramiento y selección de personal, consultoría organizacional, mercadeo y administración. Convirtiéndose en todo un referente en temas de inclusión laboral para personas con discapacidad. “El ser humano debe ser del tamaño de sus sueños. La clave de éxito de las personas debe ser siempre buscar oportunidades hasta en las adversidades”.

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