Por Gabriel Ortiz

La fiebre no está en las sábanas cuando se trata de buscar culpables del desastre de la economía que afronta Colombia, y de las consecuencias que están pagando los habitantes de todas las clases sociales.

El gobierno Petro, sus esbirros guerrilleros del M19, y todo ese enjambre de conserjes, asesores y colaboradores sembraron y disfrutaron la corrupción que implantaron durante 4 años.

Así se estableció ese mal gobierno que exterminó todas las normas y nos arrastró a un desastre cuya finalidad buscaba implantar un estado dirigido a la ruina y al montaje de extrañas sectas, cultos y herejías, que denominaba “pueblo”, pero cuyo objetivo era implantar el desorden y la descomposición social.

El esquema no tenía otra finalidad diferente a destruir la democracia y permanecer gobernando por años. No había en sus objetivos, una sola intención diferente a eliminar las libertades y los sueños de una nación que por años había gozado de los principios que heredó del Libertador.

La proximidad de las elecciones presidenciales que, no favorecieron sus pretensiones, abrió de par en par las puertas a la corrupción, el desbarajuste, la compra de votos y la deshonestidad. Las nóminas oficiales empezaron a crecer como espuma, para preparar un fraude que los mantuviera en el poder. Se abrieron las compras de sufragios y la firma de millares de contratos con fondos del presupuesto nacional.

Todo era festín, corrupción y saqueo del erario público para ganar las elecciones, sin importar la descapitalización del Estado. Se intentó usurpar la autoridad del Banco de la República y de la Regla Fiscal para evadir los controles que todos los antecesores gobiernos habían respetado.

Se fueron al mercado internacional del dinero, para encontrar financistas a los que se les pagaban abultados intereses del 14%, mientras el FMI y otros organismos sólo alcanzaban al 3 o 4%.

Se especuló que esa abultada diferencia beneficiaba a quienes desde el gobierno efectuaban esas negociaciones y se conjeturó que esa diferencia estaba depositada a favor de los gananciosos en los Emiratos árabes.

Así nos hemos quedado con las ruinas que dejaron “los Petros” y con el deterioro de nuestras principales y productivas empresas, como Ecopetrol.

Al conocerse el cataclismo y la devastación económica, el actual gobierno ha tenido que acudir al FMI, el organismo que con profesionalismo, integridad y rectitud analiza las finanzas de las naciones en dificultades, para recuperar sus maltrechas economías. Por fortuna se ha encontrado eco y empezando a renegociar la monstruosa deuda externa que se calcula en 20.000 millones de dólares.

Parece que los conseguiremos al 4%, hecho que nos ahorrará US $2.000 millones al año e impedirá la aplicación de reformas tributarias y desarrollar programas sociales.

El vicepresidente y el ministro Miguel Gómez, estarán en las reuniones con el FMI y los inversionistas internacionales, para atraer empresas que contribuyan a sanear nuestras finanzas y toda nuestra economía. Papel importante nos traerán el turismo y el incremento de nuestras exportaciones, si el presidente Trump, nos quita el impuesto castigo que nos golpea. El camino es arduo, pero superable. Colombia tiene la fuerza para salir avante.

BLANCO: Nuestro querido colega Yamid Amat se repone en la Clínica Santa Fe de un trastorno de salud. Fuerza Yamid, todos te esperamos con toda tu energía y fortaleza.

NEGRO: El gobierno debe apresurarse a eliminar el gasto. La grave situación así lo exige. Hay ministerios, que como el de la Igualdad, deben desaparecer. 

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