¿Puede el calor cambiar la forma en que entendemos la etiqueta? Para Consuelo Luján, delegada territorial de la Asociación Española de Protocolo en la Comunidad Valenciana, la respuesta es clara: la elegancia no consiste en soportar el calor, sino en saber adaptarse sin perder la esencia.

En este nuevo artículo de opinión, la autora reflexiona sobre cómo el cambio climático está transformando la indumentaria, los eventos y el propio concepto de cortesía, demostrando que la inteligencia, la sostenibilidad y el sentido común también forman parte de la etiqueta contemporánea.

El clima también dicta etiqueta

Por CONSUELO LUJAN I GADEADelegada de la AEP en la Comunidad Valenciana https://www.aeprotocolo.org/

Durante demasiado tiempo hemos confundido la elegancia con la resistencia al sufrimiento. Parecía que un buen profesional era aquel capaz de soportar un traje oscuro, una corbata perfectamente anudada y una americana completamente forrada bajo un sol abrasador. Como si el mérito estuviera en ignorar los cuarenta grados que marcaba el termómetro y continuar sonriendo con impecable compostura.

Pero la realidad siempre termina imponiéndose, el verdadero sentido de la etiqueta nunca ha consistido en imponer normas inamovibles.

Estamos asistiendo a una transformación silenciosa, pero irreversible. La moda la denomina Sartorial Resilience; yo prefiero hablar de una etiqueta adaptativa, capaz de responder a un nuevo contexto sin renunciar a sus principios.

Las americanas pierden peso y estructura para ganar funcionalidad; los tejidos naturales como el lino, el algodón o la seda recuperan el protagonismo que nunca debieron perder; aparecen fibras técnicas capaces de regular la temperatura corporal y las prendas abandonan el exceso para abrazar la inteligencia del diseño.

La sofisticación ya no reside en la cantidad de tela que llevamos encima, sino en la calidad de los materiales, en el corte de una prenda y en la coherencia entre el entorno, el momento y quien la viste.

Y es precisamente aquí donde conviene desmontar otro de los grandes mitos de la elegancia estival. Adaptar la etiqueta al calor no significa renunciar al buen vestir, al contrario, significa elegir mejor.

La solución no pasa por sustituir la camisa por modelos de manga corta que, salvo contadas excepciones profesionales o de uniformidad, difícilmente alcanzan la elegancia de una buena camisa de manga larga remangada con corrección. La manga larga, confeccionada en lino, algodón o mezclas naturales de calidad, protege del sol, favorece la transpiración y conserva una imagen infinitamente más cuidada. La manga corta encuentra su mejor expresión en el polo, una prenda nacida para el deporte que hoy ocupa con pleno derecho un espacio propio dentro de la elegancia informal.

Del mismo modo, merece una mención especial la guayabera, una de las prendas más inteligentes que ha dado la historia de la indumentaria masculina. Durante mucho tiempo ha sido contemplada desde Europa como una curiosidad tropical cuando, en realidad, reúne todas las cualidades que hoy exige la nueva etiqueta: frescura, comodidad, funcionalidad y una extraordinaria elegancia. No es casualidad que en numerosos países de América Latina y el Caribe forme parte de la indumentaria oficial de presidentes, ministros y autoridades en actos institucionales de máxima relevancia. Felipe VI utiliza a menudo la guayabera con la elegancia que caracteriza a esta prenda.

También el protocolo de los actos públicos está cambiando.

Convertir una sala de reuniones en una cámara frigorífica ya no puede interpretarse como un signo de confort o de exclusividad. Hoy sabemos que el bienestar colectivo también implica responsabilidad energéticasostenibilidad y respeto por la salud de quienes comparten ese espacio.

Cada vez resulta más frecuente que las ceremonias institucionales, los congresos o las celebraciones sociales trasladen sus horarios a las últimas horas del día. Las estaciones de hidratación, los abanicos, las sombrillas o los espacios climatizados dejan de ser detalles decorativos para convertirse en auténticos gestos de cortesía.

El calor extremo ha obligado a muchas instituciones a replantear protocolos tradicionales.

Incluso las invitaciones evolucionan. Ya no sorprende encontrar indicaciones como Summer SmartTropical Chic o Etiqueta de verano, porque el anfitrión comprende que ofrecer claridad también es una forma de hospitalidad.

Quizá esta sea una de las grandes lecciones que nos deja el clima del siglo XXI.

La etiqueta siempre ha evolucionado al ritmo de la sociedad. Lo hizo cuando desaparecieron los sombreros obligatorios, cuando las mujeres incorporaron el pantalón al vestuario profesional o cuando determinadas formalidades dejaron de responder a las necesidades reales de las personas.

Ahora le corresponde adaptarse a un planeta más cálido.

Porque el protocolo no puede vivir de espaldas a la realidad.

La auténtica elegancia nunca ha consistido en sufrir en silencio. La auténtica elegancia consiste en hacer que quienes nos rodean se sientan cómodos, respetados y bienvenidos.

Y quizá esa sea la mayor transformación que está viviendo la etiqueta contemporánea: comprender que, frente al calor extremo, la inteligencia, la empatía y el sentido común son hoy las nuevas formas de distinción.

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