Los especialistas en aparato digestivo recuerdan que aumentar su presencia en la dieta puede ser muy positivo, pero hacerlo de forma incorrecta también puede generar molestias intestinales

Mantener una alimentación equilibrada, como la basada en la dieta mediterránea tan habitual en España, puede aportar numerosos beneficios para la salud. Sin embargo, muchas personas introducen cambios en su alimentación sin asesoramiento profesional y terminan cometiendo errores que pueden provocar el efecto contrario al deseado.

Uno de los fallos más comunes tiene que ver con el consumo de fibra. Los especialistas en aparato digestivo recuerdan que aumentar su presencia en la dieta puede ser muy positivo, pero hacerlo de forma incorrecta también puede generar molestias intestinales.

Por qué la fibra es tan importante

La fibra suele relacionarse principalmente con una mejor digestión y con la prevención del estreñimiento, aunque sus beneficios van mucho más allá.

Los expertos destacan que favorece el equilibrio de la flora intestinal, ayuda a controlar los niveles de glucosa y contribuye a reducir el colesterol LDL, conocido como colesterol “malo”.

Además, distintos estudios han vinculado una dieta rica en fibra con un menor riesgo de desarrollar enfermedades como obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión o patologías cardiovasculares y respiratorias. También se investiga su posible papel preventivo frente a determinados tipos de cáncer, entre ellos el colorrectal.

Otro de sus efectos más valorados es su capacidad saciante, algo que puede ayudar a mantener un peso saludable.

El error más habitual al tomar más fibra

Para aprovechar todos estos beneficios, los especialistas recomiendan incrementar el consumo de alimentos ricos en fibra, especialmente frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. Sin embargo, existe un error muy frecuente que puede provocar problemas digestivos importantes: no beber suficiente agua.

La gastroenteróloga Pratima Dibba explicó en declaraciones recogidas por Parade que “consumir suficiente agua permite que la fibra se una al agua y evita que las heces se endurezcan demasiado debido a la fibra”.

Cuando se aumenta la fibra sin acompañarla de una hidratación adecuada, las heces pueden volverse más densas y difíciles de evacuar. Esto ralentiza el tránsito intestinal y puede provocar estreñimiento, hinchazón abdominal, gases, calambres o sensación de pesadez.

En algunos casos también pueden aparecer náuseas o reflujo debido a que el intestino trabaja de forma más lenta.

La importancia de hidratarse correctamente

Los especialistas aconsejan beber agua de forma regular durante todo el día y prestar atención a señales como el color claro de la orina o la facilidad para evacuar.

El momento en el que se toma el agua también influye. Lo más recomendable es consumirla durante o justo después de ingerir alimentos ricos en fibra.

El doctor Vikar Taneja explicó al mismo medio que “la razón es simple: necesitas agua disponible en el intestino a medida que llega la fibra, para que pueda hincharse o gelificarse adecuadamente y mantener las heces blandas”.

Cómo aumentar la fibra sin problemas digestivos

Los expertos recuerdan que no existe una cantidad universal de fibra válida para todo el mundo, ya que las necesidades pueden variar según la edad, la alimentación o el estado de salud de cada persona.

En cualquier caso, recomiendan aumentar el consumo de forma progresiva y no de golpe, ya que introducir demasiada fibra en poco tiempo puede provocar molestias gastrointestinales como gases, flatulencia o estreñimiento.

Textos y fotos: www.elmundoalinstante.com

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