
Por Álvaro Ayala Tamayo
El próximo 21 de junio la vida política del país puede marcar otros acontecimientos importantes, además de elegir al presidente de la República. Aunque no hay político muerto, ese día pueden salir de circulación Gustavo Petro, Sergio Fajardo, Germán Vargas Lleras y Álvaro Uribe Vélez.
No sabemos hacia qué lado girará la patria, pero con seguridad todo será mejor sin ellos. Es hora que dejen de atravesarse en el futuro de la nación. Hay nuevas caras pidiendo pista y estos señores estorban más que un marrano en la cocina. Se consideran los arquitectos del futuro y hace mucho rato se les cayó el andamio.
Santos y Gaviria quedan con poder para conspirar, hacer daños y lagartear burocracia, sus deportes preferidos. Iván Duque, es un inútil que se baña, desayuna y no lo dejan ni entrar al gimnasio del edificio donde habita.
Andrés Pastrana, callado porque si abre la boca lo relacionan con el pedófilo Jefrey Epstein y su reclutadora de niñas Ghislaine Maxwell. Una imagen vale más que mil absoluciones. No hay pruebas para involucrarlo en el grosero expediente porque estamos seguros que no es un pervertido sexual, pero una mención con Epstein, es tan brutal como ingresar en horario nocturno a la Caja de Nariño.
Al doctor Vargas Lleras le deseamos que recupere su salud, pero esperamos que no se vuelva a subir a una tarima a prometer que arreglará el país. Tuvo el papayazo de aportar y lo desaprovechó.
Los anteriormente mencionados le entregaron a Petro, quien al comienzo fue mal presidente y cuando aprendió empeoró. Hoy hace todo tipo de piruetas para dejar a Cepeda en la Caja de Nariño.
El gran ganador con Cepeda, será Juan Manuel Santos Calderón. Viejos amigos unidos por la tragicomedia del proceso de paz. Si gana Cepeda, se reencaucha Santos, y entre los dos continuarán atacando sin piedad a su íntimo enemigo Uribe Vélez.
El homicidio del doctor Manuel Cepeda Vargas fue atribuido a los paramilitares. A Uribe le achacan la creación del paramilitarismo. Los amigos izquierdos nos aseguran que el sueño de Cepeda es meter a la cárcel a Uribe, porque lo considera autor de la muerte de su padre, así no esté investigado por el atroz crimen. La memoria del enemigo tiene más gigas que un portátil de última generación. Parte de los conflictos del país nacieron por el odio entre este par de señores. Sus guerras las trasladaron a todos sin tener velas en esos entierros. Colombia está atrapada entre el fuego cruzado de ambos y es hora de salir de esa trinchera.
Cuando quitaba y ponía, Uribe hizo presidente a Juan Manuel Santos. Hoy son enemigos públicos declarados en una guerra sin cuartel. Ese odio entre ellos también lo trasladaron a la política y Santos se alió con la guerrilla y Cepeda para hacerle la contra. Santos montó esa farsa, no para hacer la paz, sino para hacerle la guerra a Uribe. Santos es el instructor del diablo y el impulsor del caos que negocia Petro en nombre de la paz total.
Si Cepeda corona la presidencia, en coro cantará con Petro y Santos el estribillo del Grupo Niche: Uribe, escóndete.
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