Por Guillermo Romero Salamanca

Unos llevan sus palitos para lograr una selfi. Otros, se agachan para capturar un detalle. Unos más parecen contorsionistas para encuadrar una imagen con sus familias y obtener como fondo el turquesado río Niágara que en agitada caída de 64 metros deja caer en las tres cascadas un volumen de 110 mil metros cúbicos por minutos, unas 3 mil toneladas por segundo.

El ruido es tal que a veces distrae a los improvisados o expertos fotógrafos.

El famoso torrente sirve de límite entre Canadá y los Estados Unidos. A cada lado hay posibilidades para obtener una foto perfecta.

Cada año, unos 30 millones de turistas llegan al lugar ataviados con sus cámaras –con toda clase de lentes—y con los más modernos celulares capaces de captar cualquier detalle en esta fuente inagotable de curiosidades. Los visitantes son propios y de diversas partes del mundo.

El lugar ha servido para la filmación de películas, la realización de investigaciones científicas y la producción de energía.

En 1953, Marilyn Monroe, la más hermosa de las actrices del momento desplegó sus encantos en la cinta titulada “Niágara” y después los espectadores las han visto en “Superman II”, “La novia de Chucky”, “Piratas del Caribe”, “Camille” y “Un amor por siempre”, entre otras.

Fotos, avisos, pinturas al óleo y acuarelas han mostrado también las caídas de los 3 grandes saltos de agua de Niágara –Horseshoe falls, American falls y Bridal Veil falls, en sus nombres en inglés—que conforman dos parques en cada uno de los dos países.

El 21 de enero del 2014 el mundo entero quedó fascinado a verlas completamente congeladas.

Los canadienses las han iluminado por luces led para atraer aún más a turistas con afán de fotos espectaculares.

Decenas de empresas dedicadas a la industria del turismo luchan por la conquista de nuevos visitantes.

¿UNA MEJOR VISTA?

Los canadienses sostienen que desde su nación las imágenes son mejores porque desde allí se pueden contemplar las tres cataratas en una amplia panorámica.

Tienen una extensa oferta hotelera, centros comerciales, restaurantes, guías que acompañan a los visitantes por la orilla del río, un edificio con una aguja y muchos casinos, buscando que sea allí un lugar como Las Vegas.

Se requiere de pasaporte para visitar ese país, cancelar con dólares canadienses y dar muchas vueltas para conseguir un parqueadero.

Ellos dicen que su parte es más limpia, tiene más historia y, sobre todo, que es más segura.

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Vista de las cataratas desde el lado de los Estados Unidos. Foto Lina María Datta.

Por su parte, los estadounidenses sostienen que el entorno de las cataratas está integrado a un Parque Estatal que brinda posibilidades de caminatas ecológicas y posee plataformas para divisar con mayor cercanía las voluminosas caídas. Claro está que siempre será una vista lateral.

Hay barcos adecuados para acercarse aún más al vertical torrente.

Es una contienda pareja por el turismo. A tal punto que cada país tiene un monumento dedicado al gran investigador científico Nicolai Tesla, quien cada vez toma más importancia en el mundo.

En el sector canadiense se aprecia un monumento en el Parque Reina Victoria, esculpido por el escultor Les Drysdale en 2006.

En el lado de los Estados Unidos, en la isla de La Cabra, aparece una efigie obsequiada por Yugoslavia en 1976, como un homenaje a su compatriota quien diseñó la primera planta de energía hidroeléctrica en las cataratas del Niágara.

Escultura de Nicolás Tesla en el lado de Estados Unidos.

En el lado de los Estados Unidos, en la isla de La Cabra, aparece una efigie obsequiada por Yugoslavia en 1976, como un homenaje a su compatriota quien diseñó la primera planta de energía hidroeléctrica en las cataratas del Niágara.

Cerca de allí, está Búfalo, la primera ciudad en el mundo en ser iluminada por energía eléctrica y unas 3 horas y media, en Corning, se fabricó la primera bombilla.

¿De dónde sale tanta agua?, se preguntan los visitantes. Las caídas son una etapa más del viaje que realiza el agua desde el Lago Superior, luego pasa los lagos Hurón y Erie, se canalizan en el río Niágara, caen en los despeñaderos y continúan hasta el lago Ontario. Todo este sistema hídrico supone una quinta parte de toda el agua dulce del mundo y el 20 por ciento de los estadounidenses beben de este precioso líquido que pasa por allí.

Otro intrigado espectador se cuestiona si algún día podrían desaparecer y el guía le explica entonces que, en teoría, cada año la caída del agua pierde altura lentamente. “Este fenómeno se ha controlado recientemente, pero es curioso pensar que hace 12.000 años apenas, el salto de agua estaba 7 millas río abajo, en la localidad de Lewiston y, entonces, gracias a un estimativo, en 23 mil años estarán a nivel del río”, explica.

Toda clase de historias se cuentan sobre las cataratas, donde la brisa de diminutas partículas de agua helada, obligan a los que husmean por el lugar a ponerse guantes, buscar el mejor abrigo y a taparse la cabeza como puedan.

Decenas de turistas buscan la mejor foto.

EN BUSCA DE UN SALTO

Más de un disparatado ha rebuscado fama en las cataratas. Cuentan que, en 1901, la sesentona Annie Edison se lanzó aguas abajo metida en un barril de madera y sobrevivió para contarlo, alcanzando cierta fama en su época.

Un caso muy publicitado fue el del niño de 7 años Roger Woodward, que en julio de 1960 cayó a las aguas del río y sobrevivió sin mayores consecuencias. En julio de 2019 un señor, sin ninguna protección, intentó suicidarse y que sin embargo apareció a las pocas horas con pocos arañazos sentado en una piedra río abajo.

El 30 de marzo de 1990, David Copperfield ofreció el espectáculo titulado como “El desafío de las cataratas del Niágara”, lo encerraron en un sarcófago y lo lanzaron, rato después apareció en un helicóptero. El truco fue aplaudido en el mundo.

Se estima, eso sí, que un 90% de los peces que caen por allí, sobrevive. Al parecer, la capa de espuma que se forma con la fuerza del agua actúa de colchón, pero si llegase a morir o quedar medio atontado las aves del lugar, entre ellas, la famosa águila calva, se puede dar un festín.

Las cataratas atraen y todos los que van allí buscan cómo capturar su mejor toma para el recuerdo.

El autor de la nota frente a las Cataratas del Niágara. Foto Lina María Datta.

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